miércoles, 20 de junio de 2012
Helados
Narra Andrea:
Por la mañana nadie me preguntó por mi cita con Logan, probablemente ni se acordaran, con el lío que se había montado con Cristina, Liam y Danielle (y yo que pensaba que habían estado haciendo “cosas de parejitas”… pero claro, yo solo oí el ruido, no lo que decían).
Empezaron a discutir sobre qué hacer, pero como no nos poníamos de acuerdo cada uno decidimos ir por nuestra cuenta. Recordé que me había traído un libro de Harry Potter porque ese día había una firma de J.K. Rowling en un centro comercial. Intenté llamar a Logan, pero no me cogía el teléfono, así que Anyelina me acompañó.
Cuando llegamos aún faltaba un rato, pero la cola era enorme.
-Tendríamos que haber venido antes. Si me hubiese acordado habría venido esta mañana aunque hubiese sido yo sola. Ahora nos vamos a eternizar aquí, y encima hace mucho calor… Vámonos, aún estamos a tiempo de unirnos a Zayn y los demás…
Me di la vuelta con la intención de irme.
-No flipes cuando te diga quién está ahí- dijo Anyelina deteniéndome. -Estoy de mala leche, déjame-me solté.
-¡Andrea!-el acento era inconfundible, y eso que le había estado enseñando a pronunciar mi nombre con acento español.
El muy idiota estaba al principio de la fila; podrñia haberme llamado para decirme que iba a ir, además estaba solo.
-¡Logan! Logan está aquí, y yo con estas pintas.
-Pero si estás muy mona, esa faldita te sienta muy bien.
-Ya, ya...seguro. Está haciendo señas, vamos antes de que empiece a bailar. Fui hacia él intentando sonreír. Anyelina me empujó un poco. Al llegar, me abrazó y me dio dos besos. Desde luego era cariñoso, era imposible que le cayese mal a alguien, pero estaba enfadada con él.
-Anyelina, este es Logan, el chico de la playa. Logan, mi amiga Anyelina. No sabía que te gustara Harry Potter.
-No está nada mal. Bueno, ¿te importa que te cuele?-se acercó más a mí y susurró-Haz como que ya habíamos quedado antes y venimos juntos.
Eso me cabreó aún más.
-¿En serio? Digo...me da igual. Por mí genial-intenté parecer calmada.
-Lo sé.
-¿Cómo que lo sabes? Me da igual tener que hacer cola, pero si me cuelas, mejor. Logan me miró medio riéndose.
-No te da igual, te gusta estar aquí conmigo.
-Pues vas tú listo majo porque no es así. Ni que fueras... -¿Quién? -La última botella de agua del desierto.
-Lo soy.
-Creído.
-Ehm...Andrea, he olvidado algo. No sé dónde ni el qué. Me voy a buscarlo. Llámame si necesitas algo, ¿va?
-Adiós-le dije a Anyelina sin dejar de mirar a Logan.
-¿Me lo ha parecido a mí- preguntó Logan levantando una ceja en cuanto perdimos de vista a Anyelina- o eso ha sido un “creo que sobro, os dejo solos, parejita”?
-Lo ha sido- respondí fríamente-. Todos piensan que nos liamos.
-No estaría mal, quizá deberíamos probar- dijo con voz pícara.
-Logan Wade Lerman, no empieces otra vez.
-Sabes que no lo he dicho en serio. Si tú y yo… ya sabes… y tuviésemos hijos, serían perfectos y eso no estaría bien. El resto del planeta los odiaría. Debemos contenernos.
-Te prefería cuando te daba vergüenza hasta hablarme mirándome a la cara- le dije enfadada, aunque sabía que iba de broma.
-¿Por qué dices eso?- sonó dolido- ¿Te pasa algo?
-Perdóname, Logan, no quería decirte eso, de verdad- le abracé por los hombros y me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla-. Anoche me dijiste que me llamarías, has tenido toda la mañana para avisarme y no lo has hecho. Te he llamado yo y no me cogías el teléfono.
-Lo siento mucho. He estado toda la mañana esperando tu llamada, pero como no llamabas he decidido venir solo antes de que hubiese mucha gente. No me he dado cuenta de que tenía el móvil sin batería hasta que he ido a llamarte en cuanto he llegado para decirte que estaba aquí. Debería haberlo comprobado antes. ¿Un helado arregla el malentendido?
-De sobra.
Como estábamos casi los primeros salimos pronto y le mandé a Anyelina un mensaje para decirle que pasaría el resto de la tarde con Logan. Fuimos a una heladería a tomarel helado de la reconciliación y, como ambos sentíamos que debíamos una disculpa al otro, nos invitamos mutuamente (una tontería enorme, pero nos hizo gracia).
-Te voy a pedir uno de cereza-dijo mientras mirábamos la carta-. Porque sé que te gustan las cerezas y porque me recuerdas a una cereza.
-¿Por qué?
-Por el pelo rojo, porque eres pequeña y graciosa y… y… -se puso un poco rojo- y… porque hueles a cerezas.
Logan era así de dulce siempre, excepto cuando estábamos de broma, como antes, que podía convertirse en un borde o en un salido, o en un cursi, o en cualquier otra cosa; eso
era lo que más me gustaba de él, que siempre estaba de buen humor y con ganas de bromear.
-Pues entonces para ti…uno mitad menta y mitad este azul que no sé de qué es. Porque sería como tus ojos de mutante, verde y azul; porque esos colores me gustan, porque es una excusa para probar el helado azul y porque el helado de menta me gusta mucho.
-Pensaba que también te recordaría en algo más a mí.
-Ya te lo he dicho, el de menta me gusta mucho.
Nos comimos los helados (probé el azul y sabía a caramelo) y Logan me contó que había visto una filmoteca donde ponían “El Fantasma de la Ópera”, la versión antigua, en blanco y negro, no el musical actual, y fuimos a verla.
Cuando acabó la película Logan se ofreció a acompañarme a casa, pero antes quiso que fuese a conocer a su familia. Eran todos tan simpáticos como él, y me llamó la atención que todos sus nombres empezaban por L: Lisa, Larry, Lindsay y Lucas, hasta los nombres de las mascotas empezaban por L.
-Prometo que mañana no se me olvidará llamarte-me susurró mientras me abrazaba en la puerta de nuestra casa.
-Y yo. Hasta mañana.
“Hasta mañana”. Pero al día siguiente sería “hasta que nos volvamos a ver a saber cuándo”. Había recibido la notificación de que por mis notas había recibido una beca para estudiar el año siguiente en Estados Unidos, pero no se lo quise contar a Logan porque no quería hacerme (ni que se hiciese) ilusiones. Ojalá acabásemos en la misma universidad, si no, cuando estuviese allí haría todo lo posible por estar con él de vez en cuando. Solo nos conocíamos desde hacía tres días, pero ya había una amistad muy fuerte entre nosotros; nos íbamos a echar mucho de menos.
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